lunes, 2 de enero de 2012

La Palabra Perdón

¿Por qué el hombre pide y otorga el perdón? Por un largo tiempo he estado pensando mucho acerca de esta curiosa palabra perdón. Nosotros los humanos solemos decir: “Perdóname” “Te perdono”. Pero acaso será que tenemos ese increíble don de perdonar a los demás cuando nosotros mismos ni siquiera logramos hacer las cosas del todo bien, y no me refiero a trabajos escolares, actividades laborales sino a seguir un camino de rectitud incuestionable, así como si hubiésemos nacido perfectos y no existiera la equivocación en nuestro actuar. Así, finalmente llegué a una conclusión: esta palabra debería desaparecer de nuestro vocabulario.


El perdón solo puede ser otorgado por un ser que es superior en todos los aspectos a nosotros. Éste debe de saberlo todo, conocerlo todo y nunca equivocarse al tomar una decisión. Un Dios podría darnos esa liberación del alma, pues sólo estas divinidades que han de demostrar su superioridad sobre la raza humana tendrán ese derecho. En cuanto a nosotros creo que sería mucho más conveniente sólo ofrecer una disculpa por nuestros actos y aceptar las consecuencias que éstos han traído. Un hombre como tal jamás estará exento de cometer equivocaciones y por esta razón mucho menos tiene la capacidad de decidir otorgarle a otro hombre el perdón. Aquí convendría citar a Jesús de Nazaret cuando defendió a María Magdalena: “Aquel hombre que esté libre de pecado que arroje la primera piedra”. Y es verdad nosotros con nuestros defectos, errores y pesares apenas podemos con nuestra propia vida pero aun así insistimos en pedir que se nos otorgue o en otorgar el perdón.

Tal vez si no conociéramos el significado de esta palabra o si actuáramos como lo hacen los niños pequeños que después de una riña a los 5 minutos lo han olvidado y vuelven a buscar la compañía de los otros con quienes poco tiempo atrás se habían enojado, entonces nos quitaríamos un pesar demasiado grande. El rey David mandó a la guerra al esposo de Betsabé para quedarse con ella, y ésta tiempo después engendró un hijo, el cual murió porque Dios así lo dispuso. Aún después de que David rogara e implorara que se le perdonara. El bebé murió, y David al concluir con la sepultura de su hijo se lavó la cara y dijo: “He hecho todo lo que estaba en mis manos por salvar a mi hijo, pero la vida sigue”. Este sería un excelente ejemplo para dar a entender que nos equivocamos, que la vida sigue y que la próxima vez que se presente la oportunidad evitaremos cometer el mismo error. Si hemos hecho algo mal, debemos de aprender del error y tratar de no tropezar dos veces con la misma piedra.

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